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EDITORIAL

La integración con la UE pasa por España

La corta visita del presidente Alan García a España ha tenido importantes repercusiones, tanto en lo diplomático como en lo político, económico y social.

El primer mandatario se ha reunido con importantes autoridades, como el rey de España Juan Carlos de Borbón, el jefe del Gobierno Español, José Luis Rodríguez Zapatero, el alcalde de Madrid Alberto Ruiz Gallardón y representantes del empresariado español.

En dichas reuniones el presidente ha reafirmado la vocación democrática del Perú, así como el respeto pleno a la libertad y la economía social de mercado, que apuntalan las exportaciones, el desarrollo y el mayor empleo.

En tal sentido, luego de recordar que España es el primer inversor en el Perú (con unos 4.600 millones de dólares) ha convocado a los empresarios ibéricos a seguir invirtiendo en nuestro país.

Se dan pues las condiciones para una segunda ola de inversiones españolas en el Perú, que ofrece seguridad jurídica, estabilidad, riqueza en recursos y desarrollo social, lo que repercutiría positivamente en uno y otro lado. Al respecto, es alentador el acento de ambos países en la responsabilidad social de las inversiones, que fomenten el empleo, la descentralización y la movilidad social.

En tal contexto, es coherente y oportuno que el presidente haya aprovechado su estancia en España para promover un tratado de comercio bilateral con la Unión Europea (UE), fuera del corsé de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), como en su momento lo hizo Chile.

El principal y poderoso argumento es que el Perú promueve un sistema ideológico que es incompatible con el otros socios andinos, como Bolivia, Ecuador y Venezuela, que propugnan un modelo socialista y estatista y además han expresado su reticencia a la apertura económica.

¿Por qué tenemos que seguir atados a socios andinos que no creen en el libre comercio? Las autoridades de la Unión Europea tendrían que evaluar su marco de actuación, que por principio manda negociar en bloque, para reconsiderar esta atendible solicitud peruana para un tratado bilateral.

Otro aspecto relevante de la visita ha sido la preocupación por los peruanos que radican en España, en lo que Rodríguez Zapatero se ha mostrado bastante receptivo. Se ha presentado un documento, llamado la Declaración de Madrid, con una serie de recomendaciones para facilitar la vida de los peruanos en el extranjero, que debe merecer un seguimiento puntual por parte de las cancillerías.

Esta visita ha servido, entonces, no solo para reforzar los lazos históricos de hermandad que existen entre Perú y España, sino también para mostrar al mundo el nuevo rostro de un país democrático y en pleno proceso de crecimiento económico que entiende y promueve la necesidad de apertura e intercambio.

Es de esperar que España y la Unión Europea aprecien la autenticidad y profundidad de este cambio para evaluar la urgencia de ampliar los puentes de intercambio comercial con el Perú.

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