Por Fernando Vivas
Mis amigos de la ONG Calandria me invitaron a firmar una carta para exigir a TV Perú Canal 7 que trasmita en vivo el megajuicio a Fujimori. No la firmé porque no estoy totalmente de acuerdo.
Pero no me voy a pelear con los centenares de firmantes. Coincido plenamente con ellos en que conviene que ese juicio histórico sea seguido por la mayor cantidad posible de peruanos. Y entiendo que los promotores de la carta consideren --aunque no lo dicen-- que las trasmisiones de Canal N y Panamericana, aunque respetables en sintonía, tienen menor cobertura nacional que el 7 y, por lo tanto, quieren que este entre al ruedo.
¿Por qué no suscribo el reclamo entonces? Porque en estos momentos una comisión oficial está dando los toques finales al proyecto de ley de radiodifusión estatal que debe asegurar --según tesis de la propia Calandria que suscribo plenamente-- que TV Perú deje de ser un botín de gobiernos de turno, con directorios decididos a dedo, para convertirse en un canal público, con autonomía respecto del Ejecutivo y participación de la sociedad civil en su gestión.
Temo, por lo tanto, que un pedido coyuntural nos distraiga de ese reclamo trascendente. Si queremos que el 7 deje de ser un canal a las órdenes del partido de gobierno, que rompe a cada rato la estructura de su programación para transmitir en vivo la rutina de Alan García o las charlas en la Casa del Pueblo, mal haríamos en pedir lo mismo.
Le viene mal a la estabilidad de un canal estar sujeto a presiones políticas, vengan de donde vengan. Si se trata de transmitir eventos en vivo, para eso está el proyecto de contar con una señal adicional. Y no solo es cuestión del bajo ráting que tendría el juicio, como ha dejado entrever el primer ministro Jorge del Castillo al comentar negativamente la carta, sino de respeto a una programación estructurada.
Creo en esta salida: que el director del canal, el timorato Carlos Manrique, se comprometa a diseñar un bloque del juicio para el noticiero "Confirmado" comentado didácticamente por expertos y que se pueda repetir en otro horario. Así, la vergüenza histórica de Fujimori no escaparía al canal de los peruanos ni empañaría la discusión sobre su futuro.