Por Álvaro Rojas Samanez. Politólogo
¿La oferta de llevar gas natural a Ilo es una prueba de fuego para la intención gubernamental de integrar, desarrollar, industrializar y modernizar al sur?Los proyectos que buscan concesión tienen elementos comunes: no necesitan garantía de red principal, se financian con inversión privada, generarán puestos de trabajo y llegan al mismo punto: el puerto de Ilo, probable eje petroquímico.
Difieren en el monto de inversión: US$850 millones costaría el ducto costero, de Humay (Ica) hasta Ilo (Moquegua), US$1.200 millones el gasoducto que va de Cusco a Matarani e Ilo. Otra diferencia: el de la ruta costera iniciaría operaciones comerciales antes de diciembre el 2011, pero "si se avanza rápido en la etapa inicial incluso podría ser en el primer semestre del 2011". El otro entraría en operación el 2012, aunque "técnicamente son factibles puestos en operación parciales (sic) antes del 2012". En ambos casos, una fecha nada casual.
Lo importante está en la ruta y su efecto. Seguir la ruta de la costa confirma una tendencia a hacer las cosas pensando en lo conocido, aunque se atraviesa ciudades que poseen servicios, inversiones, fuentes de trabajo, energía, donde se localizará la obra de recuperación de la infraestructura después del sismo: Ica, Palpa, Nasca, Marcona, Atico, Camaná, Matarani, Ilo.
El otro saldría de La Convención, atraviesa cuatro regiones (Cusco, Arequipa, Puno y Moquegua) cubriendo 16 provincias y pueblos que requieren participar de la integración. Algunos, localizados en lugares de difícil comportamiento, figuran entre los más pobres del sur y encabezan los pedidos --no siempre sosegados-- por mejores posibilidades: Espinar, Canchis y Calca en Cusco; Melgar y Lampa en Puno.
Los promotores de ambos gasoductos están de acuerdo en que la demanda de gas en la zona haría inviable los dos proyectos. Las autoridades piden que definan la "rentabilidad de sus proyectos".
Ese criterio de 'rentabilizar' no puede manejarse con los criterios usuales. Las lecciones que da el sur --no solamente en la elección inicial en la primera vuelta-- demuestran la necesidad de mirar de otra manera el espacio nacional que mira al sureste boliviano, norte argentino y la zona de enlace con Brasil, donde se desarrolla vínculos con la economía del sur peruano.
Un trazo uniendo sierra y costa guarda parangón con la propuesta del 2004 cuando Perú intentaba convencer a Bolivia para sacar el gas de Tarija por un ducto que atravesaría territorio boliviano hasta Ilo. Se habló de acercar el recurso, durante su trayecto hacia la exportación, a la industrialización boliviana. La idea no plasmó por los problemas internos de Bolivia, pero nadie dejó de entender lo razonable de la medida y su sentido dinamizador.
Hoy, en otra circunstancia y dentro del territorio, se vuelve a plantear un viejo dilema: hacer todo por la costa y seguir postergando las opciones de la sierra, incluyendo regiones industriosas, activas y de inmenso potencial (Apurímac alista el despegue minero, demandará energía para las operaciones de Xstrata en Las Bambas, Grupo México en Los Chancas, entre otras).
La oportunidad es propicia y puede ser definitoria. Sin costo para el Estado podría ayudar a metas como crecimiento con empleo, expansión de mercados, facilitar recursos que se pueden usar para electrificación rural, agua y saneamiento, caminos e interconexiones viales, etc. La opción está allí. Ojalá la decisión sea la mejor para el sur.