Por más gestos, llamados de atención y advertencias del Gobierno Peruano, el régimen de Evo Morales insiste en oponerse a la flexibilización de la Decisión 486 en el seno de la Comunidad Andina de Naciones, lo que no deja dudas sobre la intencionalidad de afectarnos al torpedear la soberana decisión peruana de implementar el TLC con Estados Unidos.
Efectivamente, en la última reunión de la Comisión de Ministros de Comercio de la CAN, que se realizó el miércoles pasado, Bolivia fue el único país andino que se opuso a flexibilizar la decisión 486, con lo cual nos deja pocas salidas.
Ante esto, la respuesta del Gobierno Peruano tiene que seguir siendo firme y congruente. Y no solo con nuestra política de comercio exterior que privilegia la integración comercial a través de tratados bilaterales, como ya venimos haciendo. En defensa de la soberanía y del interés nacional, también debemos evaluar más seriamente la posibilidad de abandonar la CAN, debido principalmente a la hostigante e inamistosa presencia boliviana.
El Perú, como lo han señalado nuestros ministros de Relaciones Exteriores y de Comercio Exterior, José Antonio García Belaunde y Mercedes Aráoz, insistirá en una nueva votación en la CAN, donde las decisiones deberán tomarse por mayoría y donde el veto boliviano ya no tendría efecto.
Sin embargo, a pesar de esto, tenemos que preguntarnos: ¿Qué sentido tendría permanecer en un foro que, históricamente, nos ha reportado muy pocos dividendos y que, peor aún, se ha vuelto ahora una piedra en el zapato para cualquier legítima pretensión peruana de abrirse al comercio mundial? No creemos estar exagerando: según ha trascendido, las propias autoridades de la Unión Europea están reconsiderando su posición institucional de negociar en bloque con la CAN, al reparar en la ciega, sorda e ideologizada intransigencia boliviana que no negocia ni deja negociar a los otros.
Como lo hemos apuntado previamente, la posición boliviana no puede ser casual "y más parece responder a las consignas antiimperialistas de Hugo Chávez, que utiliza a Morales, no solo para su proyecto hegemónico sino para desestabilizar al Perú y crear así las condiciones para que pueda instalarse acá un gobierno igualmente sumiso y estatista como el del presidente boliviano".
Esta situación es realmente lamentable y debe hacer reflexionar a las autoridades bolivianas sobre su responsabilidad en el resquebrajamiento de las relaciones históricas con el Perú. En tanto, en defensa de nuestros intereses y de nuestra dignidad y soberanía, el Gobierno Peruano tiene que repensar seriamente su política exterior y negociar, sin prisa pero sin pausa, el retiro de la CAN.