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ANÁLISIS ECONÓMICO

Tiempos de cambio

Por Fritz Du Bois

La decisión de Luis Carranza de alejarse del Ministerio de Economía debería llevar a una renovación más amplia en un Gabinete que tiene miembros que claramente no se toleran entre sí. Una evidencia de este cansancio es la creciente tendencia a ventilar sus diferencias o a maltratar públicamente a colegas. Incluso, leyes fundamentales, como la de mypes, corren el riesgo de fracasar debido a que los propios pretendientes de su paternidad se siguen peleando y declarando que la van a cambiar o que la norma no es 100% lo que se quería, con ello ¿qué confianza le pueden dar al microempresario informal para atraerlo y menos aun convencerlo que se acoja a la formalidad?

Por otro lado, es una lástima que Carranza haya optado por irse cuando tenía ímpetu para rato en el MEF y lo estaba haciendo bien. Si uno analiza su labor por resultados, es difícil mejorarlos: crecimiento 9%, superávit fiscal 3%, grado de inversión, paquete de reformas estructurales etc., espero nomás que no se olvide de depositar los 1.000 millones que por ley le corresponden al Fondo de Estabilización Fiscal (FEF) antes de irse y así redondear su gestión. Pero siempre habrá críticos, desde los que se escudan en la trillada frase de "la exclusión", hasta los que esgrimen su "impopularidad", lo cual más bien debería dar tranquilidad, ya que un ministro de Economía popular es la crónica anunciada de un déficit fiscal. Su reemplazo --Luis Valdivieso-- debe mantener la disciplina en el gasto y abocarse a implementar las reformas, para lo cual es fundamental reglamentar los 99 decretos legislativos en las próximas semanas, caso contrario caeremos en los plazos usuales de la burocracia --entre dos y tres años para reglamentar una ley-- y sería recién el próximo gobierno el que podría reformar. También tendrá que lidiar con el fondo de combustibles, que ya se torna insostenible, y esperamos que ayude al BCR a recuperar su objetivo de controlar la inflación, el cual extravió en una obsesión.

Lamentablemente, los que sí deberían retirarse insisten en quedarse. Es absurda la pretensión de Negreiros y de los humalistas de mantener el statu quo de Enapu. La herencia de 40 años de manejo monopólico de esa empresa es desastrosa: Perú tiene los puertos marítimos más ineficientes de América Latina y en infraestructura portuaria solo le ganamos a Bolivia, país mediterráneo. Pretender impedir la modernización portuaria por consideraciones sindicales y partidarias, condenándonos a la mediocridad, es vender a la patria por un puñado de votos, para colmo, encubriendo su verdadera intención en la bandera nacional. Otro que debería retirarse y así poder disfrutar tranquilamente de su jugosa pensión es el "acomodado" Ollanta, quien no solo cree que Velasco no fue un error, sino que busca el apoyo del mercantilismo ofreciéndole el retorno a la rentable protección.

Pero el retiro más necesario, hoy en día, es el de la CAN. Para aquel que todavía tiene ingenuas esperanzas de negociarlo, Evo Morales ha dejado en claro que su único objetivo es obstaculizar a como dé lugar el desarrollo del mercado. Es evidente que el Gobierno de Bolivia actúa como una quinta columna chavista, a la cual le han encomendado la oposición a cualquier tratado comercial, por ello no hay posibilidad de que se vaya voluntariamente de la CAN y no creo que sea posible expulsarlo. En esas circunstancias ,al Perú --supongo que a Colombia también-- no le queda otra alternativa que retirarse lo antes posible de ese esquema de integración que nunca prosperó, para poder proseguir con todos los TLC y su negociación. En realidad, el seguir aferrándose a un fracasado sueño subregional parece una injustificable obstinación.

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